En el mes de mayo la clase obrera peruana
celebra el 1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, y también la
fundación de la CGTP
(1929).
Ambos acontecimientos nos motivan recordar
aspectos esenciales del pensamiento de Mariátegui referidos a los sobre los trabajadores
y su organización clasista.
LA EXPERIENCIA EUROPEA
Es sabido que el Amauta realizó su mejor
aprendizaje revolucionario marxista-leninista en Europa (1919 – 1923). En
Italia integró los círculos obreros del Partido Socialista, denominado poco
después Partido Comunista Italiano. Actuó vitalmente comprometido con las
tareas de la clase obrera de es país continuando su inabdicable norma de “no
ser un espectador indiferente del drama humano” sino “un hombre con una
filiación y una fe”. Derrotas sufridas por el movimiento sindical italiano -como
las de Turín y Nápoles- le hicieron comprender la necesidad de una vanguardia
política estrechamente ligada a la clase obrera y de una central proletaria
consecuentemente clasista.
Además, esta experiencia le permitió
reflexionar sobre el valor de la unidad y la solidaridad y cómo el
desaprovechamiento, por parte de la vanguardia y de la central sindical, de la
resuelta combatividad de la clase obrera no sólo solo frena el avance del
socialismo sino que facilita la expansión del fascismo.
No obstante tales derrotas, Mariátegui
fortaleció su confianza en el rol histórico de la clase obrera y fijó la
necesidad de perseverar en la lucha de clases como lo expresó años mas tarde en
su ¨ Defensa del Marxismo ¨.
LA OBRA INTERNACIONAL
Mariátegui retornó al Perú en marzo de 1923.
Llegó con la absoluta convicción de realizar su “declarada y enérgica ambición:
la de concurrir a la creación del socialismo peruano”, objetivo histórico que
exigía la presencia combativa de una vanguardia política de masas y de cuadros
revolucionarios calificados; y de una central obrera clasista, defensora de los
intereses del proletariado y que agrupe a los trabajadores bajo la concepción
del frente único.
Se explica así la orientación que dio a sus
conferencias dictadas en las universidades populares González Prada y recogidas
bajo el nombre de la “Historia de la Crisis Mundial”. Expuso allí temas muy
significativos: el movimiento revolucionario europeo, la validez universal de la Revolución Rusa,
la agitación revolucionaria en el mundo oriental, la Revolución Mexicana,
el internacionalismo y el nacionalismo. Fueron lecciones magistrales concebidas
para crear entre los trabajadores conciencia de clase, sembrar ideas del
socialismo y despertar sentimiento internacionalista.
En torno a este último punto José Carlos
planteó categóricamente: “En esta gran crisis contemporánea el proletariado no
es un espectador; es un actor”. “El proletariado necesita ahora más que nunca,
saber lo que pasa en el mundo”… “la civilización capitalista ha
internacionalizado la vida de la humanidad, ha creado entre todos los pueblos
lazos materiales que establecen entre ellos una solidaridad inevitable”. Y, a
modo de conclusión, señaló: “El internacionalismo no sólo es un ideal; es una
realidad histórica”.
Las conferencias atrajeron la atención y la
adhesión de muchos sindicalistas quienes después frecuentaron el célebre “Rincón
Rojo” El intercambio de experiencias entre el Amauta y los trabajadores fue muy
fructífero y generó una recíproca comprensión de intereses e ideales
revolucionarios que ayudaron posteriormente a la fundación del PCP y de la
CGTP.
SINDICALISMO CLASISTA
Iniciado el proceso de maduración de la
conciencia de clase y del internacionalismo, Mariátegui pudo emprender la
construcción del sindicalismo clasista dando preferencia, en un primer momento,
a la tesis del sindicato como frente único. Con gran precisión estableció en su
célebre artículo “El 1º de Mayo y el frente único” los principales hitos de
esta labor. Lo medular de su planteamiento fue sostener que todos los
trabajadores de un sindicato, federación, etc, deben sentirse unidos para
luchar por sus intereses de clase, independientemente de sus posiciones
político-partidarias. Expresamente sostuvo Mariátegui: “dentro del frente único
cada cual debe conservar su propia filiación, su propio ideario (…) Pero todos
deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha
contra el adversario común”.
José Carlos dio claras orientaciones para
evitar desviaciones perniciosas en la aplicación del frente único, sea de
carácter sectario conducente a la imposición de un partido sobre la
organización sindical; o de carácter oportunista que busca la conciliación
entre las tendencias políticas para suplantar la voluntad de la asamblea
democrática de los trabajadores.
En el caso del sindicalismo clasista
Mariátegui enseño a ligar ágil y eficientemente el trabajo sindical con el
trabajo político debiéndose tener presente la diferenciación entre ambas áreas;
y por lo mismo no cabía imponer decisiones partidarias al margen de la voluntad
de los sindicalizados. Lo que no debía impedir, desde luego, los debates en las
asambleas entre compañeros de diferentes tendencias políticas; pero al final
debía aceptarse democrática y disciplinadamente la voluntad de los
asambleístas. Jamás habría aceptado que el sindicato, federación o
confederación actuara como organización política. Pero sí propuso que los
camaradas impulsaran al máximo la formación de sindicatos acatando las normas
correspondientes. En esta tarea, al mismo tiempo, debían persuadir a los más
disciplinados y combativos compañeros para incorporarse al partido de la clase
obrera. De esta manera los militantes del partido podrían orientar las luchas
reivindicativas y políticas de los trabajadores, por la fuerza de las ideas
clasistas y por el ejemplo dado en los combates proletarios.