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EXPERIENCIAS DE UNA LUCHA
El 27 de julio pasado debió iniciarse en la Macro Región Sur un Paro Indefinido en protesta por los contratos del Gas gracias a los cuales las poblaciones originarias de esa riqueza, la desconocen; en tanto que los grandes consorcios acumulan fabulosas fortunas. La medida, aprobada con estruendo el 20 de junio de este año en una cita celebrada en la capital altiplánica con la participación de organizaciones y movimientos de Puno, Madre de Dios, Cusco y Apurimac, fue insuficientemente acatada. La acción, no encontró el respaldo requerido, y sólo comprometió a determinados segmentos de la población cusqueña. De este hecho, hay que extraer una experiencia definida: no se debe programar acciones que vayan “más allá” de las posibilidades reales de las masas. En otras palabras, no hay que dejarse ganar por el subjetivismo, ni sobrevalorar la capacidad operativa de las poblaciones. Registrar eso, es asumir una experiencia dictada por la vida. Y obliga a superar el hecho fortaleciendo el vínculo entre las poblaciones y sus direcciones reales. Pero no, por cierto, a descalificar ni a denigrar las intenciones de los combatientes. Es muy fácil, después de una batalla, decir cobardemente: “nosotros previmos que no iba a resultar…”. Lo difícil -pero al mismo tiempo, grandioso- es conducir un movimiento de manera exitosa. Hacerlo, requiere habilidad, pero también prestigio, y autoridad ante las masas. Y eso, sólo se logra cuando se vive en contacto directo con las poblaciones, con sus inquietudes y sus anhelos. En otras palabras, para conducir con presteza la lucha de los pueblos, hay que bajar a los mismos y vivir en ellos, para ascender con ellos. Pero eso, lo logran sólo quienes tienen un corazón generoso, unido a una verdadera voluntad de sacrificio. Es de allí que surgen los liderazgos genuinos.
Las poblaciones más deprimidas, ubicadas en la región Cusco debieron cargar sobre sus hombros la responsabilidad de una lucha casi en solitario. Porque en Lima no fue convocada siquiera una Marcha de apoyo a quienes se batían con ejemplar heroísmo enfrentando la agresión oficial. Pueblos como Kiteni y Kespashiato, de los que muy pocos oyeron hablar en el pasado, se colocaron de pronto en el centro del escenario nacional llamando a la acción. Y esa también es una lección. La batalla por el Gas no será una carrera simple en pista plana; sino una confrontación de largo aliento en la que se registrarán avances y retrocesos, éxitos y fracasos. Lo importante es admitirlo, para que los avances no envanezcan a sus promotores, y las derrotas no los perturben. La lucha está dada y en torno a ella, hay que sumar y multiplicar. Nunca, restar ni dividir.
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