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El Pacto Del Diablo
No
podría decirse del Presidente García que “hizo un pacto
con el diablo” cuando llegó a un acuerdo con Alberto
Fujimori para hacerse cómplice de sus tropelías
obteniendo por ello beneficios propios. Afirmar eso,
supondría asegurar simplemente que Fujimori, es el
Diablo, y que Alan García es, como el Fausto de Goethe,
o un ambicioso que quiso tener el cielo en sus manos, o
un ingenuo que pretendió alcanzar la gloria vendiendo lo
único que tenía cerca: su alma.
Pero
las cosas no son precisamente así. Tan diablo es
Fujimori, como García; y es que -como dupla- constituyen
la expresión más diáfana de la repulsiva politiquería
criolla que logró imponerse en el país en las últimas
décadas a la sombra del “modelo” neo liberal y con el
empeño del Fondo Monetario y la embajada yanqui.
El
“Pacto del Diablo”, al que aludimos, se hizo más
evidente en las últimas semanas con motivo de la
elección de la Mesa Directiva del Congreso. Pero tiene
antecedentes que se hunden en la historia. En la
concupiscencia trágica de los sucesivos matrimonios
apristas con Manuel Prado, Pedro G. Beltrán y Manuel
Apolinario Odría, que persiguieron a los militantes de
ese partido, para luego extender sus manos, y entenderse
en la sombra con sus dirigentes.
Por
eso el Pacto del Diablo, es decir el acuerdo convenido
entre Alan García y Alberto Fujimori, tiene una
secuencia definida. Comenzó cuando el mandatario aprista,
en el ocaso de su primera gestión gubernativa, respaldó
y posibilitó, la elección de Fujimori como Presidente de
la República, en 1990. Y se afirmó a partir de entonces
gracias a que el electo en tan oscuras circunstancias,
excusó de responsabilidades a García, en memorable
votación parlamentaria, en 1991.
Nadie
podrá creer, sin embargo que el pueblo aceptará
pasivamente este pacto incompatible con la dignidad de
los peruanos. Como es natural, lo rechazará de modo
tangible y categórico. Y es que este rechazo, constituye
ya una idea fija en la voluntad, en la conciencia y aún
en la imaginación de nuestros compatriotas. Y como dijo
Víctor Hugo, querer prohibir a la imaginación que vuelva
a una idea, es lo mismo que querer prohibir al mar que
vuelva a la playa.
Repudiar el “Pacto del diablo” constituye hoy un
imperativo nacional y una elemental noción de
patriotismo. |