|
El difícil tiempo
nuestro
Si
nos atuviésemos sólo a lo que ocurre hoy, tendríamos
sobradas razones para el pesimismo. El 2008 se presentó,
en efecto, en extremo complejo y difícil para el país
pero, sobre todo, para los trabajadores y el pueblo. Y
hoy, la gran crisis del capitalismo desatada a partir de
las bolsas de valores situadas en las grandes capitales;
amenaza severamente al mundo subdesarrollado, más allá
de la necia cháchara optimista de analfabetos
mandatarios que como el personaje de Moliere, escriben
en prosa sin saberlo. Al peligro que se cierne para el
año que se inicia, hay que sumarle entonces, la práctica
errática de quienes tienen el Poder en nuestra patria.
Incapaces de percibir la naturaleza de la crisis, y de
diseñar un programa alternativo al neo liberalismo que
afirme un camino de salida; se empeñan en repetir moldes
fracasados. Previendo la derrota de esa política, y
conscientes que carecen de posibilidades de acción en el
futuro, se aferran a sueños demenciales promoviendo la
represión contra el pueblo.
La
detención reciente del Secretario General del Sindicato
de Trabajadores Mineros de Casapalca y la captura de
otros seis trabajadores de esa empresa, actualmente
recluidos en el CRAS de Lurigancho; constituye la más
clara evidencia del propósito de este régimen. Pero
también demuestra que cuando las autoridades deciden
detener personas, no lo anuncian, ni deslizan listas de
supuestos perseguidos a través de los diarios.
Simplemente actúan, como ocurrió en el caso de Roque
Gonzales, y sucede ahora con Pedro Condori Laurente, que
no tuvo ocasión, ni tiempo, de pedir certificados de
buena conducta a nadie y simplemente dio con sus huesos
en la cárcel ante la inexplicable indiferencia y el
silencio de quienes tienen el deber de asumir su
defensa.
No
debemos, sin embargo, ser pesimistas. En el 2009 se
celebrarán los 50 años de la Revolución Cubana y con su
ejemplo se reafirmará una experiencia: los pueblos -y en
particular los trabajadores- están preparados para
luchar en las condiciones más adversas. Sólo requieren
de un mensaje de fe y de esperanza, de un liderazgo
calificado y de un camino justo. Todos los hombres de la
tierra tienen capacidad de recuperación y pueden
levantarse y perseverar en la lucha. Saramago lo dijo
bellamente: “Del suelo se levantan las cosechas y los
árboles. Se levantan los animales que corren por los
campos, o que vuelan sobre ellos. Se levantan los
hombres y sus esperanzas. También del suelo puede
levantarse un libro, como una espiga de trigo. O una
flor brava. O un ave. O una bandera”. No lo olvidemos. |